Ahora que ya conocemos mejor todas las teorías que existen sobre el lenguaje y una vez analizadas todas puedo decir, con máxima seguridad, que la teoría usada por excelencia en el colegio donde he realizado la mayor parte de mis estudios es la gramática tradicional: norma, definición, 0 faltas y si las haces; a copiarlas 5 veces para que te acuerdes (de la profesora supongo, porque de la falta no te acordabas cuando la volvías a cometer).
He pasado todos mis años de escolarización memorizando
definiciones que luego tenias que vomitar en el examen, copiando faltas (para
el buen recuerdo del profesor), y como no, haciendo árboles en la pizarra. No
hay que olvidarse de ese maravilloso método de prepararse los dictados (véase
la ironía) o de resumir páginas y páginas de gramática cuyos textos
ya eran tan escuetos que era imposible resumirlos más y acababas copiando lo
que ponía en el libro pero en otro orden, para disimular.
Sobreviví y hasta aprendí, pero no gracias a lo comentado
anteriormente sino gracias a dos profesores. Sí, solo dos. Antonio, profesor de
algo llamado Complementaria de Català que cursé durante los últimos años de
primaria, donde hacíamos ejercicios
de acentuación, diptongos e hiatos, la diéresis etc,
etc. Gracias a sus ejercicios y a sus explicaciones, casi sin abrir el libro,
pudimos darle sentido a todas aquellas faltas
que llevábamos cometiendo desde que empezamos a escribir y que tantas
"5 veces" habían sido copiadas.
Pero sin duda es gracias a Silvia, profesora de castellano, griego
y latín durante el Bachillerato con quien más he aprendido. Centrándonos en las
clases de castellano, nos hacía hacer los ejercicios de gramática en voz alta
delante de toda la clase (por esto no es por lo que la recuerdo con más
alegría), y hasta que no lo hacías bien no te dejaba, no pasaba al compañero de
al lado ni lo decía ella sino que acababa haciendo que lo sacaras tu
solito adelante. ¡Y lo sacabas! Lo entendías y sabías el porqué de aquel
ejercicio. Pero sin duda su mejor método fue acabar con el "copiar 5 veces
la falta".
Silvia nos hacia escribir una redacción de tema libre cada semana. ¿Y
qué encontrábamos nosotros cuando nos la devolvía? Las faltas estaban redondeadas con un número encima y en un papel
grapado a la redacción nos encontrábamos el número de la falta con
una explicación detallada de por qué estaba mal y cómo era la forma correcta.
Aquello nos demostró que Silvia era una de esas profesores que lo son por
vocación, que de verdad quería que aprendiéramos y se tomaba su tiempo en
explicar todas las faltas de todos los alumnos de Bachillerato. Por
fin veíamos que pasaba con cada falta y no la copiábamos sin
saber siquiera por qué aquello era incorrecto.
Estoy muy contenta y orgullosa de haberla tenido como
profesora y ojalá todos los profesores que he tenido de lenguas se hubieran
tomado las molestias que se tomó ella.
Desde aquí, y sabiendo que no lo vas a leer nunca,
Gracias Silvia.

